Instalaciones de alumbrado vial y público.
Instalaciones de electricidad de urbanizaciones y viviendas.

Instalaciones de telecomunicaciones:
Infraestructuras comunes de telecomunicación.
Cableado estructurado.
Tendido de fibra óptica.
Sistemas de megafonia, audio, llamadas de enfernaria, video conferencia...
Sistemas de contra incendio y seguridad.
Sistemas de gestión inteligente de edificios y viviendas.
Instalaciones de energías renovables:

Esta energía puede aprovecharse directamente, o bien ser convertida en otras formas útiles como, por ejemplo, en electricidad.
Recogiendo de forma adecuada la radiación solar, podemos obtener calor y electricidad. El calor se logra mediante los colectores térmicos, y la electricidad, a través de los llamados módulos fotovoltáicos.
El calor recogido en los colectores puede destinarse a satisfacer numerosas necesidades. Por ejemplo, se puede obtener agua caliente para consumo doméstico o industrial, o bien, para dar calefacción a nuestros hogares, hoteles, colegios, fábricas, etc. Incluso podemos climatizar las piscinas y permitir el baño durante gran parte del año.
La energía solar puede ser perfectamente complementada con otras energías convencionales, para evitar la necesidad de grandes y costosos sistemas de acumulación.
Así, una casa bien aislada puede disponer de agua caliente y calefacción solares, con el apoyo de un sistema convencional a gas o eléctrico que únicamente funcionaría en los periodos sin sol. El coste de la factura de la luz sería solo una fracción del que alcanzaría sin la existencia de la instalación solar.